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miércoles, 12 de mayo de 2010

El líder musulman de Alcalá de Henares justifica la lapidación de mujeres

Redacción | Publicado el 29 Abril, 2010 | 70 Comentarios

¿Sorprendente? No. El líder musulmán de Alcalá ha justificado en una magnífica entrevista de Xavier Colás, del periódico local ‘Diário de Alcalá’, la lapidación de mujeres por que “son leyes de Dios”. El radical islámico afirma que “si lapidamos a una persona entonces la gente se cuidará”

Su centro cultural de Alcalá, que también es un lugar de rezo, está abierto a hombres y mujeres y también a niños y niñas que aprenden árabe en su modesto local. Invita al periodista a dátiles y muestra orgulloso las modestas instalaciones, que ya se están quedando pequeñas: 3.000 personas participan a lo largo del año en sus actividades religiosas y culturales.

–¿Debe permitirse ir a clase con pañuelo o ‘hijab’?

–Aquí hay democracia, hay que dejar a cada uno que haga lo que le dé la gana. También veo a chicas que tienen piercing y me da mucha pena, pero es la libertad… El pañuelo musulmán es exactamente igual que el pañuelo de las monjas. A ellas nadie se atreve a decirles que se quiten el pañuelo.

–¿Y se le ocurre alguna restricción en la vestimenta para los hombres musulmanes?

–Podemos vestir de cualquier manera. Aunque en el desierto vestimos muy parecidos, porque hay que protegerse. Allí hace mucho calor…

–Claro… Y volviendo a España: ¿No ha pensado nunca que, como los hombres no van cubiertos, probablemente las mujeres los miran?

–Sí, somos humanos. Pero todas las religiones hablan de una cosa: proteger a la mujer, no mezclar. La civilización europea ha llegado a los cambios de pareja, y esto está completamente lejos de lo que dijo Jesús. Los hombres no deben mirar con deseo a las mujeres, tu esposa ha de ser suficiente para ti. Dios quiere que vivamos en paz.

–Habla de una cierta degradación europea. ¿Y no le preocupa la violencia contra las mujeres bajo una pretexto religioso que ocurre en los países musulmanes? Me refiero, por ejemplo, a la lapidación.

–Eso era antiguamente, ya casi no existe. Si un hombre casado o una mujer casada cometen adulterio se necesitan cuatro testigos presenciales. Casi no se da.


–Pero todavía suceden y le preguntaba qué le parecen los latigazos y las lapidaciones.

–Son leyes de Dios, que puso leyes para conservar a la gente, no para matarla. Por ejemplo: cortar la mano. Si cortamos la mano sólo a uno servirá para prevenir que el resto robe. Si lapidamos a una persona entonces la gente se cuidará. Pero ahora en Europa están las playas nudistas… [menea la cabeza con tristeza] …con las mujeres desnudas delante de sus familias… está completamente lejos de toda religión.

–¿Pero no le parece un poco cruel lapidar o dar latigazos a alguien, por muy reprochable que le parezca su conducta?

–Yo soy de Egipto y allí eso no existe. Es muy difícil reunir cuatro testigos. Pero si los hay entonces hay que aplicarlo a los que están casados, sea el hombre o la mujer o bien ambos. Si no están casados: 80 latigazos.


–Pues aunque suceda pocas veces, aquí horrorizan ese tipo de castigos.

–Posiblemente es algo muy cruel. Pero tu tienes que prevenir, igual que hay leyes y hay cárcel. Y no lo haces para no ir a la cárcel. El islam te deja casarte hasta con cuatro mujeres –y el cristianismo casó al rey Salomón con mil mujeres– por una razón: antes los hombres morían mucho y había muchas viudas. Y sigue habiendo más mujeres.

–Personalmente: ¿Le parece cruel lapidar sí o no?

–Son leyes de Dios. Si tengo fe en Dios no puedo decir que es cruel. Trato de obedecer y no hacer esas cosas para no llegar a esa situación.

www.minutodigital.com

domingo, 14 de marzo de 2010

Guerras religiosas del siglo XXI

Las estadísticas indican que el número de musulmanes en Occidente, en particular en Europa, no cesa de crecer por razones de flujo migratorio y de mayor tasa de natalidad entre los mahometanos. En cambio, el número de cristianos en Oriente Próximo no para de menguar. La región que fue cuna del cristianismo se vacía. Junto a la pobreza general y la discriminación social, los últimos años han visto una espiral de violencia política contra las minorías cristianas por parte del radicalismo islámico.
Según la ONG «Open Doors», alrededor de 100 millones de cristianos (de los 2.000 millones de creyentes de esa religión que hay en el mundo) viven hoy acosados, la gran mayoría en países islámicos.
La lista de los «infiernos» en la Tierra donde millones de cristianos luchan por vivir su fe suele estar encabezada en el «ranking» de las organizaciones internacionales por naciones como China, Arabia Saudí, Nigeria, Sudán o Egipto. El clima ideológico de todas esas naciones, que sirve de caldo de cultivo para la persecución o la matanza de cristianos, es el rechazo de los valores de libertad y tolerancia religiosa, que explica fenómenos como el de las «caricaturas danesas», o la presión de la Conferencia Islámica para que se legisle contra la blasfemia.
Arabia Saudí: Vuelta a las catacumbas
Arabia Saudí, «guardián de los lugares sagrados» de la Meca y Medina, es para muchos analistas el país que persigue de modo más sistemático y eficaz a los cristianos, al igual que a los fieles de otras religiones.
Todas las organizaciones —incluyendo la ONU y el Departamento de Estado norteamericano en su informe anual sobre libertad religiosa— condenan periódicamente la persecución de cristianos en Arabia Saudí, pero el primer productor mundial de petróleo se muestra inmune a las críticas.
Más de un millón de cristianos, en su inmensa mayoría católicos procedentes de regiones pobres de Asia, trabajan y residen en Arabia Saudí. El gobierno, dócil ante el clero radical wahabí, prohíbe no sólo las iglesias sino también la reunión de cristianos para rezar. Los casos de detención, tortura y expulsión de emigrantes por su práctica religiosa son muy frecuentes. El millón de católicos que trabaja en las ciudades y explotaciones petrolíferas no tiene posibilidad de oír misa (Arabia Saudí es una versión moderna de las catacumbas), ni cuenta con sacerdotes para los sacramentos.
El régimen de Riad recuerda a Occidente su obligación de dotar de mezquitas a los emigrantes musulmanes, y costea generosamente su construcción en todo el mundo, pero prohíbe de modo tajante la existencia de iglesias en su propio territorio. La conversión de un saudí musulmán al cristianismo se castiga con la muerte.

Nigeria: Diez años de sharía, doce mil muertos
Desde que en 1999 se implantara la Sharía —ley islámica— en doce estados de Nigeria, al menos 12.000 personas, la mayoría cristianos, han muerto en los choques religiosos registrados en el país.
En el último incidente, a comienzos de esta semana, quinientas personas de la tribu berom, una etnia sedentaria que profesa la fe cristiana, fueron asesinados a machetazos por ganaderos de la etnia fulani, de mayoría musulmana. Según fuentes oficiales, la masacre fue la respuesta de los fulani a los enfrentamientos religiosos del pasado enero, que dejaron un saldo de 326 muertos.
En la actualidad, Nigeria es uno de los países del mundo con mayor comunidad cristiana; más de 70 millones frente a cerca de 75 millones de musulmanes, por lo que resulta común que la ancestral rivalidad por el control de los terrenos de cultivo sea disfrazada de conflicto étnico-religioso.
El enfrentamiento se ha agudizado en los últimos meses por el evidente vacío de poder que sufre el país, gobernado de facto en la actualidad por el vicepresidente Goodluck Jonathan.
Sudán: Tras el biombo de Darfur
Desdibujado bajo el mediático Darfur, el conflicto entre el norte de Sudán —de mayoría musulmana y árabe— contra el sur del país —cristiano y animista— se ha convertido en los últimos años en una de las crisis humanitarias más olvidadas del planeta. Un enfrentamiento, fomentado por el Gobierno islamista de Omar al Bashir, que se ha cobrado la vida de cerca de dos millones de personas, la mayoría de ellas bajo un salvajismo extremo. Éste es el caso de la localidad de Tombura Yambio, donde a finales del pasado año decenas de cristianos fueron crucificados vivos, según denunciaba Hiiboro Kussala, uno de los obispos locales. Mientras, en la capital, Jartum, la comunidad cristiana se ve obligada a sufrir humillaciones de tono moral.

China: El partido comunista es el único Papa
Sacerdotes desaparecidos desde hace varios meses. Misas clandestinas en casas particulares. Católicos torturados en las cárceles. Miradas recelosas en las iglesias, vigiladas por policías apostados a sus puertas que toman los datos de los feligreses. Así es la vida bajo lupa de los cristianos en la China del siglo XXI, donde la apertura económica y social de los últimos treinta años no ha erosionado el autoritario poder del régimen comunista.
Para que nada ni nadie le hagan sombra, Pekín controla no sólo a los disidentes políticos y a todas las organizaciones civiles, sino también los cultos religiosos. Por una parte, negocia con el Vaticano para establecer relaciones diplomáticas, rotas desde la masiva expulsión de misioneros en 1951, pero, por la otra, dirige y nombra sus propios obispos tanto en la iglesia protestante, que oficialmente cuenta con 20 millones de miembros, como en la Asociación Católica Patriótica, que no reconoce la autoridad del Papa y sus más de diez millones de feligreses reconocidos.
Sin embargo, se calcula que podría haber unos 60 millones de cristianos que practican su fe en misas secretas celebradas en casas particulares. El año pasado, la Policía irrumpió en 77 de ellas y, además, detuvo al obispo Julius Jia Zhiguo y al abogado católico Gao Zhisheng, que permanecen desaparecidos desde entonces.
En una nación supuestamente atea, pero donde la fe es una cuestión de Estado, el Partido Comunista se erige como máxima autoridad religiosa para convertirse en el Papa de los católicos chinos.Egipto: La desgracia de ser copto
Egipto cuenta con la mayor población cristiana de Oriente Próximo —alrededor del 10 por ciento— pero esa condición no resulta nada placentera: decenas de coptos han sido asesinados en los últimos años a manos de islamistas.
Aunque el régimen presume de tolerante, el acceso a cargos políticos resulta siempre denegado a aquellos que no profesen otra fe que no sea el islam.

Cinco «infiernos» donde se reza a Jesús